La mejora educativa no es innovación
Mejorar tiene que ver con la optimización. Simplificando mucho, mejorar es perfeccionar. Mejorar es incorporar cambios a lo que ya tenemos para que sea más eficiente, más eficaz, de mayor calidad. La mejora, en la escuela, se gobierna con una buena planificación estratégica y unos objetivos claros.
La evaluación continua es su gran herramienta: recoger datos, analizarlos según criterios y tomar decisiones informadas. Esto, sin embargo, no transformará ni el propósito ni el sistema de la escuela. Pero sí nos hará progresar y aumentará la calidad de nuestras prácticas, organización, instalaciones, etc., que no es poco.
La mejora se puede planificar y existen numerosos recursos de planificación estratégica y definición de objetivos, así como indicadores de calidad. Los indicadores, por ejemplo, sirven para determinar si la escuela funciona bien y permiten conocer el grado de consecución de los objetivos y resultados esperados. Pueden ser cualitativos o cuantitativos y de diferentes tipologías: indicadores de impacto, indicadores de percepción, indicadores de entorno, indicadores de recursos, indicadores de proceso, indicadores de progreso…
Medir algo no es hacerlo crecer
El gran problema de los instrumentos de planificación y mejora es que fácilmente devienen el fin y no el medio en los establecimientos educativos. Medir algo no es hacerlo crecer, ni documentar los procesos nos lleva a mejorarlos. Hace falta feedback honesto, específico y útil para mejorar, tanto pedagógicamente como organizativamente. Y es necesaria la confianza en las personas, el cultivo de relaciones honestas y un liderazgo compartido. Las mejoras surgen de la aceptación del error como herramienta de aprendizaje, no de la sanción o el castigo. Y esto vale tanto para la mejora de los resultados de los estudiantes como de los docentes o los directivos. Mejorar no es aumentar la presión, es generar oportunidades. No es incrementar la exigencia, es incrementar las expectativas.
Mejorar no es suficiente
Hay personas en el mundo educativo que prefieren hablar de mejora en lugar de innovación. No les gusta la palabra “innovación”, porque la relacionan con el mundo de las empresas o de la tecnología educativa. Y parece que esto deshumaniza la escuela, que le acerca al mercado o que devalúa su propósito noble. Prefieren mejorar lo que tenemos, no asumir riesgos innecesarios y minimizar la incertidumbre. Cambiar poco y paulatinamente, es decir, ir perfeccionando lo que ya tenemos.
Sin embargo, mejorando una clase magistral, jamás obtendremos estudiantes que sepan cooperar. Mejorando una instrucción directa, jamás aprenderán a tomar decisiones propias. Buscando obediencia, jamás obtendremos responsabilidad y autonomía en nuestros estudiantes o nuestros docentes. Mejorar lo que tenemos nos impide generar cosas que aún no existen y que, quizás, también necesitemos. Mejorar no es suficiente.





