¿La evaluación y las notas son lo mismo?

No. La evaluación es un proceso de recogida de datos, análisis con unos criterios y toma de decisiones. La decisión que tomamos en la evaluación, en una educación de calidad, está enfocada a ser un consejo de mejora, que puede hacer el docente o el propio estudiante. La nota, en cambio, es una calificación, un número que puede desprenderse de este proceso, pero que no dice nada de las causas de los errores, ni sobre qué hacer para mejorar. La evaluación es imprescindible, la calificación, no.

Las calificaciones, ¿no estimulan a los estudiantes?

No. Las notas, en el mejor de los casos, centran la motivación en sacar “el mayor número posible”, no en aprender. Esta motivación es extrínseca (viene de fuera) y nosotros deberíamos desarrollar la motivación intrínseca (surge del interés y la necesidad personal). La motivación intrínseca para aprender es la que debe gobernar el esfuerzo y el trabajo de los estudiantes (¡y los docentes!).

Centrarse en las calificaciones hace que los estudiantes elijan los retos más fáciles, disminuye la satisfacción que experimentan cuando han alcanzado un éxito, fomenta “las trampas” y a menudo malogra la relación con el profesorado. A medio plazo, las notas fomentan la conformidad y escatiman la necesaria reflexión de los estudiantes sobre qué necesitan aprender, qué les interesa realmente y qué les hace crecer como personas.

¿Cómo sabemos qué hemos aprendido, entonces?

Básicamente, reflexionando sobre la experiencia de aprendizaje (metacognición) y buscando evidencias de aprendizaje en las producciones, acciones, actividades. Por esta razón, tan importante es hacer las cosas, como pensar y reflexionar sobre “por qué” y “cómo” hacemos las cosas. Además, los aprendizajes son de muchos tipos diferentes: aprendemos a conocer, aprendemos a hacer, aprendemos a ser y aprendemos a convivir. Hay muchos aprendizajes que son hábitos, creencias, valores, procedimientos, actitudes… que nos conforman como personas e, incluso para los adultos, es difícil poner palabras y ser conscientes de ello.