Los entornos de aprendizaje son sistemas complejos en los que múltiples variables configuran su funcionamiento. Esto atañe muy especialmente a los roles de docentes y de alumnos. La cultura escolar es un sistema férreamente articulado y resistente a cambios o modificaciones. Esto lo viven en carne propia los docentes que tratan de introducir cambios en su aula, por ejemplo.

En palabras de Parrenoud, los alumnos tienen adquirido un conjunto de comportamientos y expectativas que podemos llamar literalmente «el oficio de alumno». En la escuela tradicional todo el mundo sabe qué es un buen alumno: chicas como Hermione Granger, por ejemplo.

Cuando se introducen cambios, los alumnos no entienden qué sucede y se aferran – especialmente los que dominan el oficio clásico de ser buen alumno – al sistema anterior. Nadie es más defensor del status quo que aquel que brilla en la situación existente.

Si «aprender mucho» – que no empollar estúpidamente, ojo – se concibe como una retención de conocimientos, de comprensión de conceptos o de hechos… entonces aprender a debatir argumentando, por ejemplo, puede que sea percibido por los alumnos como una pérdida de tiempo.

Hacer visible a los alumnos la calidad y necesidad del «nuevo tipo» de aprendizaje es imprescindible. Construir una sólida relación pedagógica de corresponsabilidad, consensuar objetivos de aprendizaje, incorporar la metacognición o desarrollar una evaluación como regulación son herramientas básicas para lograrlo.En definitiva, si se enseñan otras habilidades y competencias o se transforman las metodologías de enseñanza, se está creando otro modelo de éxito escolar. Es decir, cuando innovas de verdad no solamente estás creando un nuevo tipo de prácticas, estás, literalmente, generando un nuevo tipo de alumno.

Con Jordi y Sergi, dos referentes imprescindibles
Con Jordi y Sergi, dos referentes imprescindibles

 

Esto lo saben muy bien Sergi del Moral y Jordi Doménech, que tienen el humor y la paciencia de recoger indicios y evidencias de esta mutación que sucede, ante sus maravillados ojos, en centros verdaderamente innovadores, en frases como las que siguen:

– El curso pasado nos lo pasábamos muy bien, ahora hacemos Matemáticas de verdad.
– Tienes que ponerme nota, ¡es tu obligación!
– ¿Tanto proyecto para qué, si yo quiero ser ingeniera?
– Estaría bien que alguna vez hicieras una clase normal, con una explicación normal, con una metodología normal…