Una propuesta educativa de aprendizaje más profundo se caracteriza por un equilibrio entre el descubrimiento y la exploración personal, por un lado, y la instrucción y la orientación sistemáticas, por el otro.

No en abstracto, sino de forma autorregulada y sostenida por una revisión crítica permanente a cargo de los docentes y de los propios alumnos. Justamente para ser sensibles a las diferencias individuales en las capacidades, las necesidades y motivaciones de los alumnos y de los docentes.

Ya sabemos que “el descubrimiento puro” no incrementa el aprendizaje de forma automática. El aprendizaje como proceso activo y constructivo no implica en absoluto que los docentes, los estudiantes y los entornos de aprendizaje no tengan que dirigir e intervenir en el desarrollo de conocimientos y las capacidades de los estudiantes, ¡Válgame Dios!

Estamos bastante cansados ​​de los que asimilan equivocadamente el constructivismo con el aprendizaje por descubrimiento. El “descubrimiento” es una de las muchas aportaciones de un ecosistema de aprendizaje bien fundamentado en una aproximación socio-constructivista. Y digo aproximación porque el constructivismo no es ni una didáctica ni una pedagogía.

Del mismo modo, también estamos hartos de la tontería de que los aprendices “deben rehacer el camino” de Darwin o Sócrates con el aprendizaje “por descubrimiento”, confundiendo la creación del conocimiento con las estrategias y procesos mentales del aprendizaje significativo.

Está ampliamente demostrado que las teorías socio-constructivistas son las más consistentes para fundamentar una propuesta educativa de aprendizaje profundo, significativo y duradero. Más allá de si predomina un propósito educativo más competencial o más académico.

Leed, por favor. Formaos. Menos opinar y más estudiar.

Leyendo a Focault
Leyendo a Focault